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Archivo documental de la Guerra Civil en Burgos

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Datos de 7025 Víctimas

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Las Cárceles de Franco

Entre 1927 y 1932 se construiría la Prisión Central de Burgos, siendo inaugurada el 31 de julio de 1932 por el gobierno de la República. El nuevo centro penitenciario suponía una mejora con respecto a las anteriores cárceles que había tenido la ciudad, con una capacidad aproximada para 850 reclusos y sobre 95 celdas. Durante el periodo republicano acogió a una población reclusa entre 600 y 700 internos, muchos de ellos por hechos políticos, sobre todo a raíz de la revolución de octubre de 1934.

A primeros de julio de 1936, el gobierno republicano de Manuel Azaña, establece por decreto que la Prisión Central de Burgos se destinaría en lo sucesivo al cumplimiento de las condenas impuestas a delincuentes políticos y sociales. También se establece que los presos que lo deseen podrán alimentarse por su cuenta y podrán vestir traje de paisano cuando se lo costeen, o el especial propio de la prisión que se le facilite. El decreto también establece el régimen de visitas, trabajo, ejercicios físicos, enseñanza, lecturas y entrada de prensa.

Tras el alzamiento militar de 1936, la prisión sería tomada por un destacamento y el director del penal sería sacado para su conducción a Pamplona y su posterior fusilamiento. Los militares franquistas utilizarían el penal para albergar a todo tipo de personas desafectas al nuevo régimen: militares, maestros, labradores, obreros, etc. Durante los primeros meses de la guerra el número de reclusos aumenta hasta 882, cifra que aumentaría posteriormente hasta los 3.600

La Prisión Central de Burgos

Isaac Rilova Pérez

En la Prisión Central de Burgos, del mismo modo que en el resto de las cárceles burgalesas, el hacinamiento y el hambre iban de la mano. También la masificación era causa directa de frecuentes enfermedades y epidemias, además de hacer imposible una mínima clasificación.

El primer grado penitenciario correspondía a la primera parte de la ejecución de la condena y se caracterizaba por su dureza, con muchas horas de aislamiento en celda. También se aplicaba a los que por su comportamiento violento o pernicioso se hicieran merecedores de regresión desde el segundo o tercer grado.

El número de reclusos que pudo albergar la Prisión Central burgalesa en el periodo comprendido entre el inicio del alzamiento y la conclusión del año 1943, tendría una tendencia alcista continuada hasta llegar a los 3.500 en el año 1941. El Acta de 10 de agosto de 1942, refiriéndose a la inauguración de la nueva escuela y biblioteca, habla “de los 4.000 internos que actualmente alberga la Prisión Central”. Por tradición oral se recoge que la cifra pudo llegar a los 4.500 y que “dormían hasta en las escaleras”. Aún en fecha tan tardía como noviembre de 1944, quedaban en el penal burgalés 1.748 reclusos.

 Presos vascos en el penal de Burgos (1936-1939) – Fuente: Euskomedia
Presos vascos en el penal de Burgos (1936-1939) – Fuente: Euskomedia

La alimentación de los reclusos planteaba un gravísimo problema para la mayoría de los reclusos, sólo algunos estaban mejor alimentados, pero a cambio de trabajar duro en los batallones de trabajadores. Las comunicaciones de los familiares de los internos eran aceptadas entre otras razones porque servían para completar el déficit alimenticio de la prisión. La sequía del verano de 1938 dejó el pozo que abastecía el penal bajo mínimos, por lo que se acordó no hacer limpieza de los dormitorios, excepto enfermería y cocina. Se prohibió taxativamente regar los jardines y patios y el uso de retretes, colocando bidones de chapa en todos los dormitorios para las necesidades fecales.

Presos republicanos en la Prisión Central de Burgos
Presos republicanos en la Prisión Central de Burgos

La disciplina constituiría el perfil distintivo que marca el quehacer cotidiano de la institución. La uniformidad de la población reclusa y el típico traje de paño gris eran notas dominantes. Los desfiles, toque de corneta y la misma banda de música se incardinan en una ambiente estrictamente castrense. El quebrantamiento de esa disciplina, suponía el aislamiento en celda por espacio de varias semanas. Hablar de manera despectiva del Movimiento Nacional fue motivo suficiente para aislar en celdas a nueve reclusos por tiempo indefinido. No contestar a los “vivas” dados a España y al Generalísimo era motivo suficiente para una sanción de 30 días de labores de limpieza, de la misma forma, no menos rigurosas eran las faltas cometidas contra la Iglesia o la religión.


Los Reyes Magos en la Prisión Central de Burgos con los hijos de los reclusos (1940).
Los Reyes Magos en la Prisión Central de Burgos con los hijos de los reclusos (1940).

Las cifras de la represión en la Prisión Central de Burgos, nos hablan de unos 293 reclusos fusilados “legalmente” entre los años 1936 y 1941; más de 386 presos “desaparecidos” tras su puesta en libertad, muchos de ellos serían ejecutados aplicándoles el “paseo” en las llamadas “sacas”; por otra parte, otros 359 presos dejarían su vida entre las rejas carcelarias al morir por enfermedad.

Al penal burgalés lo complementan otras cárceles como la provincial de Santa Águeda y la Prisión Central de Valdenoceda, sin contar los “destacamentos”, que estaban funcionando a pleno rendimiento.

Fuentes consultadas:

  • ABC – Martes, 7 de julio de 1936
  • GUERRA CIVIL Y VIOLENCIA POLÍTICA EN BURGOS (1936-1943) – Isaac Rilova Pérez. Editorial Dossoles (2001)
  • EUSKO IKASKUNTZAREN EUSKOMEDIA FUNDAZIOA – www.euskomedia.org