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Archivo documental de la Guerra Civil en Burgos

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La Represión

Durante la guerra, hubo represión en ambos bandos, no obstante, existieron grandes diferencias entre la cometida por el bando republicano que defendía la legalidad establecida y la cometida por el llamado bando nacional que se alzó en armas conspirando contra la República.

Mientras los líderes políticos republicanos como Manuel Azaña o Indalecio Prieto hacían un llamamiento al respeto de la vida de los adversarios, los militares rebeldes no practicaron el mismo ejemplo, sino que arengaron a sus partidarios a someter a sus adversarios mediante el uso del terror y la violencia física.

La consigna del General Emilio Mola en su planteamiento para iniciar la sublevación militar el 25 de abril de 1936 era la siguiente: ?Se tendrá en cuenta que la acción ha de ser en extremo violenta para reducir lo antes posible al enemigo, que es fuerte y bien organizado. Desde luego, serán encarcelados todos los directivos de los partidos políticos, sociedades o sindicatos no afectos al movimiento, aplicándoles castigos ejemplares a dichos individuos para estrangular los movimientos de rebeldía o huelgas?.

Treinta y dos meses y medio de enfrentamiento, de lucha fratricida, de destrucción material y aniquilación humana, a pesar del cansancio y el dolor acumulados, no dan paso ni a la reconciliación ni a la concordia. La paz impuesta a partir de abril de 1939 por los vencedores es una paz aislada en el castigo, la venganza y el miedo. Con un poder indiscutible, asentado en los casi tres años que se alarga la guerra, Franco, que se ha opuesto a cualquier posibilidad de armisticio, negociación o compromiso con los republicanos una vez acabado el conflicto, pone en marcha el que se considera su deber más inmediato: hacer todo lo posible para que una situación semejante no se vuelva a repetir.

Los republicanos españoles pagarían la derrota no sólo con la vida, la cárcel o el exilio. Los tribunales políticos del franquismo también confiscaron sus bienes y fijaron abultadas multas. Las mujeres republicanas, no serían ajenas a la Guerra Civil ni a la represión franquista, su delito no era otro que ser consideradas ?rojas? por tener ideas o familiares contrarios al régimen franquista. Muchas de ellas fueron sometidas a humillaciones que alcanzaban niveles de total deshumanización.

Las consecuencias que trajo la guerra dejarían un país bañado en sangre, odio y rencores, reducido a ruinas y con cientos de miles de vidas sesgadas, generaciones de huérfanos e imágenes diarias asesinatos, hambre y miseria.

Viudas de republicanos frente a la fosa común del Cementerio de Burgos.
Viudas de republicanos frente a la fosa común del Cementerio de Burgos.

La Represión en Burgos

Luis Castro Berrojo

El Movimiento Nacional nació con el estigma de la intolerancia y de la violencia hacia sus adversarios, y con él persistió hasta el final el régimen político a que dio lugar, si bien tal actitud fue modulándose con el paso del tiempo. Desde el primer momento, en la sedicente zona nacional el enérgico zarpazo de la represión cayó sobre los dirigentes, representantes institucionales, afiliados o meros simpatizantes de organizaciones republicanas o de izquierdas, mediante detenciones, encarcelamientos, asesinatos extrajudiciales, juicios sumarísimos, torturas, incautaciones, depuraciones laborales y otras formas de violencia física y psicológica, que frecuentemente alcanzaban también a los familiares de las víctimas.

En la zona controlada inicialmente por los sublevados, la gran mayoría de las detenciones, no menos de 2.500 personas, lo fueron en las primeras dos o tres semanas tras el 19 de julio y casi todos los asesinatos extrajudiciales, unos 1.500 como mínimo, fueron realizados antes de mediados de octubre del 36. Las ?bases jurídicas? de esa violencia eran entonces los bandos militares de los días 17,18 y 19 de julio, que declaraban el estado de guerra siguiendo las directrices previas del General Mola.

En esta fase, el protagonismo represivo lo ejercen principalmente las milicias derechistas y la guardia civil, actuando por delegación de los mandos militares insurrectos, más dedicados a los frentes de batalla. Pero una cosa y otra ?guerra y represión- iban a ir siempre muy unidas, como dos caras de la misma moneda, pues eran acciones complementarias encaminadas a un mismo fin: la aniquilación del adversario.

En un segundo momento, cuando se abrió la perspectiva de una guerra larga tras el fracaso de la toma de Madrid, la violencia represiva se generalizó y se institucionalizó mediante tribunales militares y comisiones de clasificación de prisioneros y de incautación de bienes, así como la depuración de funcionarios públicos.

Por fin, acabada la contienda, la represión se consolidó con nuevas formas legales, tribunales y fuerzas de vigilancia y orden público, formando un vasto aparato que dio a la dictadura un sesgo policíaco muy marcado y persistente.

Fuentes consultadas:

  • ATLAS ILUSTRADO DE LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA - Jesús Andres y Jesús Cuéllar. Ediciones Susaeta (2010)
  • CAPITAL DE LA CRUZADA, Burgos durante la Guerra Civil - Luis Castro Berrojo. Crítica (2006)